Informe: LIBIQUIMA-CITAAC, Universidad Nacional del Comahue-CONICET, Agosto de 2016

La región del Alto Valle de Rio Negro y Neuquen produce el 80 y 90% respectivamente de las manzanas y peras de Argentina, a lo que se ha incorporado en los últimos años la producción de fruta fina, olivos, frutos secos la horticultura y las actividades agroindustriales asociadas en un área de 700 km2. El plan Argentina Innovadora 2020 ha incorporado las demandas de estos núcleos socioproductivos, buscando “un desarrollo regional crecientemente intensivo en tecnología, generador de bienestar social y capaz de mitigar el impacto que supone la concentración de empleo en las grandes ciudades”. En nuestro caso particular, se busca también mitigar el impacto que generan las actividades hidrocarburíferas en franca expansión en Neuquen y Rio Negro.
La producción y procesamiento de productos frutihorticolas requiere del desarrollo de conocimientos y tecnologías para el control de plagas y la adaptación a los requerimientos internacionales de trazabilidad, calidad e inocuidad. Para evitar pérdidas en la producción frutícola y obtener la sanidad y calidad de la fruta que consumimos, se utilizan diversas estrategias para combatir las plagas. Entre ellas, la aplicación de múltiples familias de plaguicidas durante un período que se extiende desde septiembre a febrero todos los años.
Los más utilizados en la actualidad son los provenientes de las familias de los organofosforados (OF) carbamatos (CB), Piretroides (PIR) y los neonicotinoides (NN). En el siglo pasado y hasta principios del siglo XXI también se utilizaron insecticidas organoclorados (OC) como el DDT y el endosulfán. Los monitoreos ambientales realizados por nuestro laboratorio indican la presencia de residuos de OF y OC en suelos y aguas subterráneas de zonas rurales de esta región a la que se suma la presencia de algunos hidrocarburos alifáticos (HA) y aromáticos (HPA).

SITUACION AMBIENTAL DEL ALTO VALLE DE RIO NEGRO Y NEUQUEN